Hoy en día estamos inmersos en una sociedad de valores superfluos donde la crítica estructural a nuestra cultura es sólo apta para vanguardistas iluminados. ¿Hasta qué punto la cultura del consumo condiciona nuestra forma de vivir, pensar y actuar? Muchos de nostoros creemos no ser partícipes del gran engranaje del mundo que nos ha tocado vivir. Creemos que nuestro pensamiento crítico ha sido suficiente para vencer a la intromisión de los valores estándar de la sociedad. Pero... ¿Es realmente así?Desde el momento que llegamos a este mundo recibimos miles de estímulos que condicionan nuestra forma de ser. Yo pasé la infancia rodeado de dibujos animados, peliculas de acción y juguetes con los que salvaba al mundo siendo un marine de los Estados Unidos. Diez años más tarde, tras ver la sonrisa de George W. Bush bajo el cartel de "Mission acomplished" en el portaaviones USS Lincoln después de la ocupación de Irak me dí cuenta del engaño al que había estado sometido durante años de una forma subliminal.
De la misma forma que fantaseaba con "matar a los malos" siendo un agente de la CIA, también iba generando unas expecativas de lo que debía ser mi vida, de los hitos que debía alcanzar. Estudiar una carrera, conseguir un buen trabajo, encontrar una mujer a la que amar, y cientos de tópicos que absorvía de mi entorno social. Obviamente, la moralidad con la que la sociedad nos impregna no tiene porque ser negativa. Pero... ¿Dónde está el límite entre la forma de vivir que tu eliges y la forma de vivir que te impone la sociedad? Estudiar un ciclo formativo o una carrera no es para nada negativo. No obstante, estudiar un ciclo o una carrera en función de lo que el mercado necesite y no en función de tus motivaciones intelectuales sí es algo negativo y es un hecho que desgraciadamente se produce con demasiada frecuencia.Es aquí, en este punto, donde la autoreflexión entre en un posible conflicto con la coherencia existencial de cada uno de nosotros. Y aunque puede ser "uno más" de los debates clásicos sobre el determinismo, creo que es importante preguntarse una vez más (y las que hagan falta) si la forma en la que vivimos nuestra vida es realmente la que deseamos con convicción. Preguntarnos también si los valores políticos en los que creemos son reflejados en nuestro día a día, en nuestra forma de tener pareja, en nuestra forma de convivir con los nuestros y en el rumbo que marcamos en nuestra vida.
He escirto esta humilde y pequeña reflexión tras escuchar la canción "Little Boxes" (Cajitas) que es la canción de introducción de la serie norteamericana "Weeds". La canción Little Boxes fue creada por Malvina Reynolds en 1962 y describe las comunidades residenciales de clase media que se formaron en California tras la Segunda Guerra Mundial. Estos barrios residenciales tenían formas muy regulares y cubrían grandes extensiones. Pero lo que realmente quiere denunciar la autora en la canción son los valores conformistas de la clase media que habitaba esos barrios. La canción adquirió la fama un año después, en 1963, cuando fue interpretada por el activista y cantautor Pete Seeger. No obstante, Víctor Jara hizo una versión mucho más cercana de la canción bajo el título de "Las Casitas del Barrio Alto", haciendo así referencia a los barrios ricos de Santiago de Chile.Fragmento de la canción original de Malvina Reynolds en la cabecera de la serie Weeds.
La versión que Víctor Jara hizo de la canción.






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